Un lugar de escape, una Bitacora de viaje.
Un espacio en que puedo sacar con dibujos o frases a los demonios que tengo dentro.


Edmer Montes - Ojo de Cuervo





Ténebra

miércoles, 27 de abril de 2016


Ténebra muerte, canta decanta los disparos al cielo, sobre la tierra los charcos de tristes consuelos. Féretro nido, mesías pasmado. Eres la muerte del niño soldado, alado mutilado, cubierto del polvo de sus dioses ya muertos.
Cúbrelo todo. Te exijo.
Asesina al poeta, a la belleza y al inocente. Consume mi dolor ausente, penitente. Consume la hiel de mis odios malsanos, incendia la pradera  e incendia mi piel. Silencia las oraciones al viento y no dejes tierra fértil ni esperanzas de nuevo día. Acepto mi esperanza baldía, me asumo punta de lanza y corona de espinas. Piedra lanzada a la virgen estéril.
Ténebra muerte, pulveriza la semilla.

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indiferente

sábado, 9 de abril de 2016





No, no lo sabes  a pesar del viaje transcurrido. A pesar de la cama compartida con nuestra amante en parís, no me conoces.  Esta noche fluyen impasibles las tragedias que no he elegido rodeado de libros, de ruidos, de gente bañándose en una vorágine de hálito espeso con mascaradas de sonrisas falsas para la función patética de sueños rotos, mutilados, trasnochados, que vuelven malheridos cada viernes a presentarse en medio de mi pecho formado por millares de violines que gritan al tensar  sus cuerdas y al tensar las mías en un alarido constante e infinito cuyo aliento cuartea la fe que yace enterrada bajo los cuerpos descompuestos de mis amantes salvajes. No cantas conmigo porque ignoras la existencia de esta melodía. No cantas conmigo, porque al querer hacerlo me veo cruzando una puerta dejándote indiferente en el sofá.  

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Dientes

sábado, 2 de abril de 2016



Una mandíbula partida por las botas de acero frontal. La ninfa de tempranas arrugas y ojeras del sexo fácil brinda por el imbécil caído. El tipo se desangra en el piso y apenas se mueve, sus dientes se incrustan en mis suelas al pasar junto a él. 
Una botella ya me espera servida al fondo de la barra y el espacio seco para seguir con mis dibujos. “Que no me vuelvan a joder” pienso y me parece que saben lo que no pronuncio.
Déjenme en paz, ¿es mucho pedir?
Es media noche y dos sujetos se sientan cerca de mí y acaparan la música con sus tragos costosos. Libre mercado le dicen. Todos nos enteramos de sus conversaciones sin quererlo, de lo peculiar de su teoría del más fuerte, de sus historias de éxito. Me cegué por sus enormes pantallas pegadas a sus caras por intervalos de tiempo ridículamente largos. 
Y llega lo inevitable: “que bacan, ¿cuánto me cobras para un retrato”, “tengo un primo que dibuja bien” “¿Se estudia para dibujar?”
La pólvora sigue su recorrido hacia sus dientes, lo siento en mis botas. Sus perfectos dientes volarán al amanecer. Volarán, lo predigo.

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