Un lugar de escape, una Bitacora de viaje.
Un espacio en que puedo sacar con dibujos o frases a los demonios que tengo dentro.


Edmer Montes - Ojo de Cuervo





Solo... naturalmente.

miércoles, 8 de abril de 2015




Ingreso al aula y siento que las miradas se posan en él. Se pone nervioso y comienza a rechinar los dientes, me acerco a su lado y cae de bruces desde su carpeta. La ambulancia lo encontró con los puños rígidos y a su padre devastado. Intento de suicidio por pastillas.



Hablaron los alumnos, el padre, los paramédicos y sale a la luz los prejuicios y las vergüenzas: Nadie hablaba con él, no tenía amigos ni tenía novia. Se matriculó solamente en mi curso, pero asistía puntual a las otras clases junto al grupo. ¿Qué chico prefiere estar en un aula que en su casa?

Recojo su bitácora que está llena de sus personajes y trato de darle otro tipo de mirada. Después de todo tienen cierto sentido sus trazos. Criaturas de alas cortadas parecen buscar a la madre ausente, sus guerreros medievales crean un ejército. Y se veía héroe, y se veía inmortal. Y aquel gigantesco Dragón, imponente y prejuicioso, ahora lo acompañaba dentro de una ambulancia.

Ese día no se quedó en casa después de tomarse las pastillas, se presentó a mi clase. Lo vieron caminando torpemente camino al instituto. Pararse en cada piso para retomar las escaleras. Sentarse en su carpeta casi dando tumbos. Ese día lanzó una clara llamada de auxilio.

Luego de un par de semanas de incertidumbre el guerrero regresó del inframundo. Volvió al aula y supo que lo cambió todo: conversan con él pero respetan su privacidad, nadie publica nada en la red, hay un ambiente de hermandad entre ellos. Una durísima lección para los chicos…para mí.

Un día antes del incidente, me preguntó al terminar la clase: “profe, ¿tienen un momento?”… Son las 11 de la noche, pensé, y con 2 horas de viaje para regresar a casa. “¿tiene un momento?”, insiste, “SOLO UN MOMENTO PROFESOR”.
“Ok”, le dije. Me pregunta cosas técnicas y le respondo rápidamente, divaga y me impaciento, lo nota y se despide. Sentí sus palabras mudas en la nuca. “Mañana hablare con él”, me digo, “se lo compensaré”.




Sonido

0 comentaron: