Una bitácora de viaje, una estación necesaria.
Proyecto a modo de espacio en que puedo sacar, con dibujos y frases, a los demonios que tengo dentro.


Edmer Montes - Ojo de Cuervo





identikit

sábado, 6 de agosto de 2022

 



-No me escuchas realmente - me reclamó

-Tengo oídos para tus suspiros quedos - respondí

-Eso no me dice nada, no me conoces realmente.

-Toda TU me cuenta tu historia.


 Molesta volteó su carpeta y me ignoró el resto de la clase. El último día de clases.


Saqué un cuaderno suyo sin que se diera cuenta y la dibujé a escondidas para recordarla cuando se vaya del todo, al llegar el día que olvide su nombre y su rostro a causa de los años que vendrán después y solo pueda rememorar en mi cabeza sus poemas cursis y su tatareo de canciones de amor.


Regresé su cuaderno sin ser visto por nadie, en silencio.


Después del timbre de la salida no la volvimos a ver.


La adolescente que quería ser poeta, la niña de fotocopias con versos adultos y romances con autores muertos. Se alejó de todos, se alejó de mí.


Cada cierto tiempo la busco de madrugada en rincones raídos y alcoholizados de mi memoria, pero es inútil. Solo distingo una carpera vacía.


La pequeña poeta se desvaneció irremediablemente.



sonido




bosque

miércoles, 4 de mayo de 2022

 



Salía del trabajo ya muy entrada la noche. Al fondo del estacionamiento una mujer sentada en un banco, sobre una elevación de jardín, fumaba un cigarrillo. Mi auto estaba a unos pocos metros de ella. El único farol del lugar la iluminaba directamente. Era como un espectro incandescente, la pincelada audaz en un horizonte gris.

Noté que lloraba en silencio.

Dudé por un momento, pero me acerqué a ella.

“Excuse me, are you okey?”.  pregunté

Luego de una larga pausa dio una pitada y respondió con desdén

“Yes, thanks. Everything's fine”.

Tiró el cigarrillo a medio terminar y volteó la mirada hacia el lado opuesto, en dirección a unos árboles que estaban a lo lejos. Miró atenta como queriendo distinguir una presencia, una figura, una verdad.

Debajo del banco posaban una mochila y un bolso repleta de ropa. Se dio cuenta que noté sus pertenencias y me miró impaciente. Supe que no quería ningún tipo de ayuda.

“I'm sorry. I will not bother you”.  Le dije y me fui hacia mi auto.

La rodeé para poder salir del estacionamiento hacia la autopista y al mirarla noté una leve sonrisa. Hice un ademan con la cabeza a modo de despedida y me fui rumbo a mi habitación.

Por el espejo retrovisor esa pequeña flama se apagaba a lo lejos, pero aun así era inteligible de tristeza, de eterna espera, de halo de soledad.

A medio camino me estacioné a un lado de la carretera y encendí un cigarrillo. El dolor de espalda es habitual en días de doble turno. Puse “Un Nouveau Soleil” de M83 en los parlantes y a luna estaba menguante. Banda sonora para una ciudad cubierta de soledades que son historias anónimas, únicas y constantes. El hilo conductor hacia la conexión de millares de corazones rotos que son parchados o curados en noches como esta, de quienes buscan la redención escondida entre unos árboles a lo lejos. Somos como una figura llameante que ingresará en lo eterno de lo inconcluso.

Es más de medianoche y termino de escribir esto con un trago entre las manos y un terrible dolor de espalda. Imaginando finales felices y trágicos, deseados y no cumplidos. La puerta abierta hacia infinitas posibilidades de salvación. La grandilocuente fe del abatido.

Pero lo asumo.

También miro a lo lejos al bosque donde habitan los monstruos. Y sobre mí el farol, que a modo de portal, me indica el camino de retorno hacia las bestias.

Una vez más.


sonido


cabellos de noche

jueves, 21 de abril de 2022


Estuvimos abrazados sobre su cama por última vez. A un año de terminar el colegio nos reencontramos para despedirnos de lo que fue nuestra historia juntos. Un afiche de The Crow en la cabecera y los casets con sonidos que clamaban nuestras complicidades teñían de colores su habitación ese agosto gris. El espacio infinito encerrado en recuerdos de besos y peleas, de amor y primeras veces.

Una última tarde.

La conocí en tercer año cuando la llamaban por el nombre de una cantante que se parecía a ella. Menuda y bella, inocente y guerrera. Yo era nuevo en el salón y al instante nos gustamos al conversar durante el recreo de ese mismo día.

Trabajos en grupo, paseos al paradero, el elenco de danza y los viajes sentados al fondo del bus. Reíamos sin decirnos nada, estábamos juntos sin estarlo. Y fue al terminar una fiesta de jovenzuelos con hormonas en ebullición que me atreví a acariciar su rostro triste.  Aparté su cabello azabache y pude encontrar sus pupilas navegando nostalgias de mares violentos que le tocó vivir.  El perfume inocente, el temblor de sus labios, el primer beso bajo la luna llena.

Los novios que nunca lo fueron.

Pero nos hicimos mucho daño, el amor tiene espinas y lapsos de tiempos en soledad. Ella con el guapo del salón, yo con la muchacha más bella de la promoción. Pasiones aleatorias, parejas discordantes. Y entre multitudes de amores y aventuras nuestras miradas siempre se buscaban y en algún rincón lejos de todo su cabeza descansaba sobre mi pecho como la primera vez.

Nuestra ultima tarde de agosto recordamos todo ello y con la música inundando su cuarto cantamos:

“Si junto a mí te quiero ver
Yo sólo tengo que ofrecer
Que no te voy a querer tanto
Como ayer”

Lo que sentíamos era solo nostalgia de lo vivido, lo sabíamos. Guardó mis cartas y fotos en una caja que años después termino en cenizas. Se enamoró. Era tiempo de seguir.

Una carrera, nuevos amigos. Ahora tiene una hermosa familia, recuerdos valiosos e inmensos del que ya no formo parte.

Lejos, lejos de los recreos, las tareas y paseos en la salida.

La chica de cabellos de noche navegó lejos de mí, y no volvió la vista atrás.


sonido




ella duerme

viernes, 15 de abril de 2022




  

El aroma familiar de su cabello recién lavado es ella dormida en veintitrés años perpetuos, perfectos.

Es el piano que suena a lo lejos en compás a su respiración lánguida, queda, pausada.  Melodía que nos acompaña intrusa, volátil y familiar desde algún lugar de esta ciudad de músicos tristes.

 Ella duerme. Su piel tiene tatuada las constelaciones a modo de mapa hacia el hogar.

 La princesa que empeñó su corona para huir conmigo tiró de mi hacia la salida clandestina de un sí y de un no. Miedo de las narices frías y pasos dubitativos sobre vidrios rotos, sobre corazones rotos dentro de un palacio en llamas que se inmoló por nosotros.

 Desaparecimos entre el fuego de pensamientos tortuosos y viajamos entre el minutero y la velocidad de las galaxias al implosionar. Lejos, lejos hacia nuestros adentros y lo infinito del tiempo.

 Ella duerme agotada y la abrazo de la cintura para acercarla hacia mí. Ella gime como una caricia tierna, como el beso en un escondite bajo una tormenta violenta.

 Alzamos vuelo rodeados de cipselas frágiles. Renacimos bajo las alas de un escarabajo febril.


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marzo veinticuatro

miércoles, 6 de abril de 2022

 


 

Cuervo mensajero de carga breve y feroz que consigue invitarme a volar con él. Pasa sus noches musicalizando deseos persistentes .

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Niebla

jueves, 9 de diciembre de 2021



Te veo parada bajo el farol donde solíamos encontrarnos y la neblina nocturna envuelve lo que decides ocultar. Las líneas de tu silueta me invitan a observar lo que ya nos avergüenza nombrar. Estoy sin estarlo. Rezando a una fe que se asume perdida.

Lo recuerdo bien. Tu carne lacerada, tu carne que le cantaba a la noche sus pudores tras la puerta que da a un callejón. Un camino alfombrado hacia cantos en alcohol, cantos de libertad. Y tu acostumbrado Winston azul que iluminaba tus labios con gotas carmesí. Latían heridas en lo blanco de tu piel.

“Quien te hizo esto?” preguntaba.

Pero solo me besabas en silencio. Silencio.

Era tu cuerpo que gritaba respuestas para quien supiera escuchar.

Movimientos rítmicos de una danza de piel que transpiraba, jadeaba, lloraba, mordía y moría moría moría. Exhalabas infinitas vidas hacia la muerte misma de tu orgasmo.

Encendidas otro cigarrillo y decías que al aspirar el humo saboreabas el tiempo que se consumía en cada paso dado, en el tiempo que se desvanecería noche tras noche de gemidos fingidos que deseabas dejar atrás.

Desnuda frente a mí, morirías una vez más esa última noche.

Pero te observo ahora y la sombra que proyectas ya no eres tú. Ya no asumes al espectro que danza junto a ti.  Te despides de él. El farol tintinea y su luz se apaga del todo. Ingresas al invierno lejano de tus recuerdos.

Te cubres de noche, te cubres de niebla.

Y al pronunciar mi nombre sabes que la niebla oscura soy yo.

Tan lejos pero junto a ti.

Envolviéndote esta madrugada extraña.

Insistente.

En silencio.

sonido




 

Blanco

sábado, 4 de diciembre de 2021


 

El brazo dormido sueña

Palpitan enojadas las arterias.

El lápiz lanza un alarido impaciente

Blanco blanco la nada burlona.

El espacio inmenso entre la tinta y el papel

Tiene suspiros que viajan

Sobre un silbido sinuoso y calmo.

Que no tiene inicio ni fin.

Solo murmullo perenne

De su voz que ya no reconoce

Que calla para sí

Que escapa inquieta

Cubierta de sombra

Vacío vacío

Tras de sí.

 

Párpados cerrados.

El infierno de lo blanco.

La sombra del silencio.

Y cada madrugada

La vana espera.

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