Una bitácora de viaje, una estación necesaria.
Proyecto a modo de espacio en que puedo sacar, con dibujos y frases, a los demonios que tengo dentro.


Edmer Montes - Ojo de Cuervo





Lejos

domingo, 16 de mayo de 2021



Ella joven madre en una casa ajena, yo un joven soñador partiendo hacia los andes. Fue la primera vez que nos separamos, que estaría lejos trabajando.

Llanto en la almohada en la noche previa, recorría palabras quedas sobre su frente en un beso. “¿Qué pasará mañana?” preguntó. “Estarás bien” respondí, admiraba su fortaleza. Observamos la cuna que cobijaba nuestro mundo. Nos abrazamos.

“¿Qué pasará mañana?” se titula la canción que escuchaba de niño al viajar junto a mi padre. Y que extrañamente la volví a escuchar siendo yo padre, siendo yo quien se iba lejos de casa. La oí en ese viaje, en un auto en medio de la nada a cuatro mil metros de altura en los andes peruanos.

Entonces recordé a mi padre. Recordé de cuanto lo abrazaba para que no se vaya de mí. Me sentí niño nuevamente, dibujando con mis dedos sobre la escarcha de la ventana del auto, soplando mis dedos helados y cantando en silencio para mí.

Mi padre, y su padre antes que él, fue lejos a ganarse el sustento alguna vez. Dejaron a su familia para estar más cerca de ellos en un futuro. Como soldados que van a la guerra llevando la foto de la amada y de sus hijos que son su esperanza. “Es por ellos, es por ella” se repitieron. Se dieron fuerzas frente a la incertidumbre, bajo la soledad de sus noches de media cama vacía.

Y ahora miro todo el camino recorrido, y a ella más fuerte que nunca. La abrasaré hasta ver el amanecer ingresando por la ventana. Dibujaré un corazón con mis dedos sobre su seno. Le diré “te amo” con un beso.

“¿Qué pasará mañana?” me pregunto como la primera vez.

He de averiguarlo.