Una bitácora de viaje, una estación necesaria.
Proyecto a modo de espacio en que puedo sacar, con dibujos y frases, a los demonios que tengo dentro.


Edmer Montes - Ojo de Cuervo





lo perdido

sábado, 18 de febrero de 2017


Termine de leer “Una pena en observación” de C.S. Lewis. El desgarrador diario del escritor al enviudar de la poeta Helen Joy Gresham. Quiero compartirles solo una parte de él.

“Esta noche se me ha vuelto a abrir todo el infierno de la herida reciente; las palabras insensatas, el amargo resentimiento, el mariposeo en el estómago, la irrealidad de la pesadilla, el baño de lágrimas. Porque en la pena nada se asienta. Está uno saliendo de una fase, pero siempre se repite. Vueltas y vueltas. Todo se vuelve a repetir. Avanzo en círculos, ¿o me atrevo a sostener que avanzo en espiral? Pero además, en este caso, ¿voy hacia arriba de la espiral o hacia abajo? ¿Cuántas veces me voy a seguir sorprendiendo frente al inmenso vacío, como se tratara de una novedad, y oyéndome decir: “Nunca me había dado cuenta de lo que he perdido hasta este momento”. ¿Va a seguir siendo así? Me amputan la misma pierna una y otra vez. Dicen que los cobardes mueren muchas veces: eso les pasa a los seres amados.”
 

sonido



cicatriz

jueves, 19 de enero de 2017


Raspo una vieja cicatriz. Sangra.
Son tantas.

Zapatos rotos, cuadernos reciclados. Una etiqueta en la frente para el “serrano rebelde”. Traumas de carpeta. La muerte acariciándome entre las olas del mar. Riqueza en el alma, pobreza en los bolsillos. Amigos artistas, enemigos mercaderes. Poetas de oficina. Críticos sin gloria. La música me eleva, lo verde también. Fractura frecuente de la nariz, trago adulterado bajo esteras polvorientas. Nudillos furiosos contra espejos indolentes. Dedos acusadores, carcajadas a mis espaldas, manitas cual escudos.

Me he sumergido en gases lacrimógenos junto a amores rebeldes, me he peleado con políticos y poderosos que avivaron sus brasas con nuestros sueños. Privilegiados minimizando nuestros logros. Dictadores y asesinos.

Campeón nacional, recibos que no puedo pagar. Taller clausurado, esculturas en la basura. Sueldo mínimo en la barra del bar. Alcohol de media noche. Perfume barato entre cabellos rizados, ninfas acariciando canas rebeldes. Mala poesía, bitácora entre trazos y humo. Locos soñadores que se van sin ser nombrados.

En mis manos una vieja cicatriz volvió a sangrar. Son tantas.
Creo estar en medio camino. Sobreviví a pesar de todo. Me levanto para continuar, pero el viejo Bukowski me advierte: “No lo intentes”.
Veo su pelea, veo la pelea de los grandes que no consiguieron ganar.
“Mis nudillos aún son fuertes” pienso, “No tengo opción”.




 sonido

surcos humeantes

viernes, 9 de diciembre de 2016


Al otro extremo del bar un tipo bebe solo. Nos hermana el vacío, pero le repele el reflejo gastado de mi figura. Es otro Yo, y no lo es. Es el personaje que no quita la mirada a sus textos. Un artista con toda la parafernalia que remite a un pretencioso misticismo. Él es real y me desprecia. Me susurra: “Tu autocomplacencia recorre los surcos humeantes de tu espalda ensangrentada. Asúmelo Tánatos, te transformé en una anécdota. Quedaste relegado a la atención magra de admiradores virtuales, a la aprobación absurda de fantasmas de plástico.”

Golpeo tan fuerte el espejo que las esquirlas cubren la barra. “¡Tengo el jardín repleto de cadáveres, tengo una fosa con tu nombre Edmer!” grito.
El aire espeso se cubre de silencio.
Dejo un par de billetes manchados sobre la mesa. 
Me llevo una botella ron al hospital.
 



sonido