Una bitácora de viaje, una estación necesaria.
Proyecto a modo de espacio en que puedo sacar, con dibujos y frases, a los demonios que tengo dentro.


Edmer Montes - Ojo de Cuervo





‪#‎NiUnaMenos‬

domingo, 14 de agosto de 2016


Soy padre de dos niñas, esposo de una gran mujer, hijo de una madre luchadora. Por ello en la histórica marcha del día de ayer gritamos en familia: Ni una Menos.
Este humilde dibujo fue fotocopiado y repartido a la gente por mi hija mayor.
Se imaginarán lo emocionado que estuve.

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Campanario

lunes, 8 de agosto de 2016




Se desnuda en nuestra improvisada habitación de cada viernes, con el sofocante murmurar de la gente que nos invade desde la calle, lo hace cantando nuestra canción. Lo hace con esa melancolía de niña extraviada que suele hacerme llorar.

Nos encontramos sobre este campanario donde fantasmas deambulan entre sus visiones de un pasado inocente. “Somos serpientes y pecado” repite una y otra vez,  y camina hacia la ventana y se posa en el marco craquelado. Siente la textura del inexorable paso del tiempo.
Lo siente en la madera, lo siente en su piel.

Su figura a contra luz recibe el resplandor de las antorchas, cuya horda pronuncia su nombre con el dedo acusador. Se mueve entre el claroscuro y es allí en donde pertenezco. Ella es el cristo en quien creo, es el dios hastío lamiendo sus clavos de nueve pulgadas. Un Caravaggio que llora bajo el espectro de la luz.
Mira el vacío y sonríe.
Se lanza desde el campanario, desde el altar mayor de un cristo muerto que no resucitó.
Ella se lanza y no la detengo.
La amo tanto.
Ya es libre.

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Ratas

martes, 26 de julio de 2016



Tiene un mechón de pelo blanco entre su cabello engominado. Casaca de cuero con púas de fantasía. Su moto sube hasta el cielo lanzando fuego nos dice. El rey de plástico en una ciudad de plástico. El rebelde de caricatura nos juzga entre sus botellas de trago caro.
Quiere que vanaglorie su éxito, emprendedor del padre rico. Méritos alcanzados sobre la alfombra que da hasta la cúspide.
-“¿Tu que eres?” Pregunta.
- “¿Yo?… un ebrio”.  Respondo.
- “Jajaja, es en serio man”.
Lo siento perturbado. Me regocijo en su patético concurso mal diseñado. 
- “Me lo preguntan tantas veces. ¿Quién soy? ¿No lo notas? Soy el roedor con dientes nocivos, quien dibuja en media alcantarilla sobre la mugre de esta ciudad. El del libro deshojado de tanto leer. Mira a tu alrededor, aquí todos lo somos”. Respondo.
Palidece.
Rechinan sus dientes y enumera (altivo) sobre todo lo que puede comprar. Me lo demuestra con un whisky posando sobre la mesa.
Su sombra quiere cubrirme. No se da cuenta que entre las tinieblas no hay grandeza que valga. Pero sigue hablando, sus monedas tintinean cuan flauta que trata de hechizarnos.
Las ratas se acercan. Ridículamente convencido de sí mismo continúa su cadencia.
Las ratas sonríen, es otro platillo al cual devorar.
Una gota de sudor frio se oculta entre su barba perfectamente cortada.
-“Hey… trago para todos” – grita sonriendo.
-“Acéptalo” - le digo - “Hamelín queda muy lejos hechicero”. 

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Iris cósmico

sábado, 11 de junio de 2016




El maquillaje corrido y las ridículas blondas de su blusa es lo que todos notaron al verla entrar, claro que además del grito frenético por un trago. El único lugar vacío en la barra era a mi lado y para mi mala suerte decide tomarlo.
El brillo de su pantalla me ciega cada vez que suena la llamada insistente. Solloza y se queja haciendo ruiditos agudos que perforan mi tímpano. Otro que la arruinó en grande.
Sonrío. Ella se da cuenta.

-¿Qué te parece gracioso? ¿Yo?
- ¿hu?
-Imbécil…
Su móvil sigue sonando y cuelga casi al instante.
- Oye, te he pedido un pisco sour - le reclama al barman.
Con la cara seria se la prepara y se la sirve. Para su pesar pide un ridículo sorbete que no logra encontrar. Vuelvo a sonreír y rio para mí. No puedo evitarlo.

-¿Piensas que lo que me pasa es gracioso?
- ….
- Ustedes los hombres no hacen más que jodernos la vida. ¿Crees que estoy aquí para divertirte? ¿Ah?, deja de molestarme y sigue con tu, con tu… ¿qué mierda haces en ese block?

Y rápidamente me quita la bitácora de las de las manos provocando que la raye. Los ebrios, el barman y el resto de indeseables callan. Es la primera vez que alguien dentro del bar toca mi bitácora. Me la imagino en el piso con el cuello fracturado, me la imagino engañada una y mil veces, me la imagino colgada de sus tripas a lo snuff. Un machista miserable de fantasías en testosterona. Diablos, ese no soy yo.

La llamarada de mis ojos se atenúa al verla llorar con la mirada fija en el dibujo inconcluso. Se mantiene inmóvil, solo sus labios tiemblan en un movimiento casi imperceptible. Llora. Deja que el timbre  de su móvil suene sin parar.
Todos nos miran. Mierda.
Cierra mi bitácora y me lo devuelve en silencio. Avergonzada apaga el teléfono y se larga de aquí.
Todas las miradas la siguen al salir y cuando desaparece éstas se posan en mí.
- Vuelvan a lo suyo-  grito y el averno sigue con sus gritos de lamento.

- Creí que la ibas a bofetear -  me dice el barman
- Nunca he golpeado a una mujer – respondo.

Le doy una mirada a mi dibujo a medio hacer y noto un húmedo círculo perfecto que se expandió en la hoja y cuyas aristas envuelven el universo blanco. Iris cósmico, ojo del dios absoluto. Un agujero negro que me mantiene en trance  absorbiéndolo todo. El detalle perfecto.
  
-¿Sabes quién era esa chica? – pregunto al barman.
-Nunca la he visto. Es de esas locas que aparecen por única vez – me responde.
-Ya. Sírveme otro trago – le digo.

Madrugada. Un dibujo inconcluso con una raya violenta, mis ideas homicidas y una lagrima oscura en medio del bar. Esta noche la cuidad me mostró su mejor arte.

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